La tristeza continuada es un estado emocional  que implica cambios importantes en nuestra forma de sentir, de pensar y de actuar. Nuestras emociones cambian sensiblemente y puede que tengamos muchas ganas de llorar,  y no es infrecuente que aparezcan otros sentimientos desagradables como irritabilidad o ansiedad. Más a nivel corporal, suelen producirse cambios, como notar un cansancio continuo y desproporcionado, pérdida de apetito, problemas de sueño, tensión muscular, opresión en el pecho y muchos más. También es muy corriente notar una importante disminución del deseo sexual. Nuestra forma de pensar sufre modificaciones: tendemos a ver el lado oscuro de las cosas. Es como si nuestra visión se hubiera alterado de forma que vemos la realidad teñida de pesimismo y negatividad. Solemos pensar mal acerca de nosotros mismos, nos desvalorizamos y nos culpamos por muchas de las cosas que hicimos y nuestra autoestima se reduce significativamente. El mundo nos parece un lugar hostil y absurdo en el que vivir y no entendemos la vida ni cómo ni por qué suceden las cosas. Podemos creer que los demás no nos tienen ningún aprecio y que incluso nos rechazan y percibimos el futuro como un callejón sin salida, sin esperanza, con pocos deseos de seguir adelante. Nuestra forma de actuar va en consonancia con nuestros sentimientos y nuestros pensamientos ya que tendemos a ir reduciendo nuestras actividades; nos volvemos más pasivos y de una forma más o menos rápida, dejamos de salir, de quedar con otras personas o incluso, de ir a trabajar. Podríamos decir que una persona que se pasa el día entre el sofá y la cama, llorando y quejándose continuamente, estaría muy triste. Y no solo porque esté sufriendo algunos de los cambios que hemos citado anteriormente, sino porque esta forma de sentir, pensar y actuar, se mantiene durante un período de tiempo razonablemente largo.  ¿Por qué se mantiene? Los dos elementos responsables del mantenimiento del estado depresivo y/o tristeza continua son: los pensamientos negativos y la inmovilidad (el no hacer nada). ¿Qué podemos hacer?

  1. Planifica el día

Cuando uno experimenta sentimientos de tristeza, puede ser realmente difícil ponerse en marcha para hacer cualquier cosa. Sin embargo, cuanto más activo estés, mayor probabilidad habrá de que te sientas mejor. Los siguientes consejos suelen resultar útiles: 1. Puedes hacer un listado con las actividades que te propones hacer cada día (con la ayuda de alguien si es necesario). 2. Mantén ese listado a la vista. 3. Al principio, no seas muy exigente contigo mismo. 4. Es importante hacer una actividad gratificante al menos una vez al día. 5. Planifica hacer alguna actividad física cada día. 6. Si incumples algún punto de tu plan, salta a la siguiente actividad. 7. Si no te apetece hacer nada en absoluto, planifica realizar alguna actividad con otras personas. 8. Comprueba cómo varía tu estado de ánimo en función de tus progresos y comparte este hecho con los demás. En resumen, el lema para poder salir de la tristeza o estado depresivo es:

1º) MOVERSE FUERA

PARA

                                                                        2º) SENTIRSE MEJOR POR DENTRO